Inexplicablemente ninguna canción me recuerda a ti, y no sé hasta qué punto eso es bueno. Nada tuyo, nada nuestro, nada mío me recuerda a ti. Pero eso no duele, ni dolería en el caso contrario. En cambio me cala cada milímetro de los huesos tu presencia, tu indiferencia. Eres sigiloso y siempre apareces cuando tengo la guardia baja, cuando más estoy a ras del suelo. Pero apareces y no haces nada, no dices nada… y yo no paro de pensar lo maravilloso que podría ser todo esto si no fueses tan imbécil, incluso sin hablar de amor, solo hablo de amistad… amistad o como lo quieras denominar, pero algo. Que haber recreado escenas de películas, haber bailado, cantado, reído, soñado… que todo eso sea solo el principio de algo grande más allá del calor carnal. Pero has perdido todo atisbo de inocencia, de ilusión… y cada día pareces vivir en un universo más alejado de mi mundo.
Mil voces en mi cabeza gritan constantemente que “sobrevivir a tu indiferencia es un milagro”, y claro, yo no creo en los milagros.
Llevaba mucho tiempo sin encontrar un blog que me enganchara y de repente apareces tu, muchas gracias por hacer que esta noche de echar de menos esté un poco más acompañada.
ResponderEliminar