–Y restos de
lágrimas en las mejillas y en las manos. – concluyó – Quizás es peor tenerla
que que me falte, ¿no crees?
Nunca se me ha
dado bien aconsejar, pero creo que por una vez comprendía la situación: cada
noche ella le susurraba sus ganas hasta que se convertían en gritos que
clamaban ahogadamente soledad; y él, que
había comprendido que no podía salvarla, se volvía cada día un poco más loco. Creo
que fue la desesperación, había decidido que no podía más.
-Yo creo que…
-Soledad
acompañada de mí… –me cortó – ¡qué dulzura!, decía… Pero nadie puede aguantar
esos cambios de humor – me sacudió– ¿¡entiendes!?
– y rompió a llorar.
–Yo… le dije que
no volvería, y entonces susurró lo mismo que cantan los pájaros muertos de mi
ventana.
Puede que este equivocada, o haya entendido mal el texto. Pero a mi me parece un amor no correspondido, en el que uno quiere más, y en el que la otra persona, por mucho que quiera, no siente lo mismo. Es una pena, pero pasa. Corrígeme si lo he entendido mal.
ResponderEliminar(Saludos con café)
Bueno, de hecho no es así... El título de la entrada viene por uno de los personajes de Eloísa está debajo de un almendro, es una obra de teatro que se basa sobre todo en la relación de una pareja. La chica viene de una familia en la que están todos locos, y sólo quiere al chico porque le parece muy misterioso, pero los momentos en los que no se lo parece, le aborrece (de ahi lo que digo de los cambios de humor). En cambio, el chico, que está casi igual de loco,la ama con locura. Asique este dialogo está basado en eso.
EliminarGracias por comentar :)