Había prometido no volver. Me lo había prometido a mí misma. No recaer. Pero esque a veces suenas tan irresistible... eres mi energía, provocas mi éxtasis, controlas mis ganas: las aumentas y pocas veces las frenas, me coges y me elevas, rápido, a lo más alto, y no me sueltas...
Y yo, que había prometido no besarte más... ¡que ingenua!
Asique aquí estoy, enredada entre tus brazos y estrangulando tus dudas con mis piernas. Así, mientras me tiño de distintas tonalidades de ti. Ríos de colores que nacen en tus manos, dan vida a mi pelo enmarañado y se escurren por mi espalda. Hasta abajo, explotando, manchándolo todo en un tornado de artes plásticas. Entonces giramos y todo se funde, creamos arcoiris. Tú y yo como los seres más alucinantes del mundo, los más hermosos… Y entonces todo fluye, y me llenas de paz, y pienso que es imposible no quererte, que no puedes no estar. Como imanes que se repelen, pero qué más da, si nuestra conexión es inevitable…
Y luego la gente no entiende mis ganas de ti, porque después dueles, dueles mucho. Y entonces llueve y el aguarrás diluye todos los colores mientras me llevo las manos a la cabeza he intento detenerlos desesperada. Se lleva todo. Cada parte de ti se desliza por debajo de la puerta y se esfuma, como un tsunami, lo arrasa todo. Arrasa mi corazón, me recorre las venas. Llegas a cada esquina de mi ser, anegas mi cerebro, colapsas mi mente, me nublas la vista y sales de mí en forma de lágrimas. Pero eso sí, es el llanto más bonito del mundo.
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