lunes, 29 de abril de 2013

U.




No me gusta rescatar excusas
de segundos cajones,
ni decirte que el amanecer se
alcanza con las manos
y que tocarte es lo más parecido
al cielo que conozco.

Que desde que te has ido
soy menos yo
y tú eres menos tú, 
y esto no se soluciona
con un par de mensajes a oscuras.

Pero sólo me hace falta saber que estás,
que puedo
-cuando quiera-
pintarle horizontes a tus ojos y perderme dentro.
Que soñarte y no soñarte acaba por ser lo mismo
porque,
cuando despierto,
es el sol y no tus manos quien me calienta las piernas.

Te cedo mi frío,
te cedo a mí entera.

En tu país o en el mío,
me da igual,
me gusta que existas.

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