Eres el lugar más triste a donde puedo ir.
Soledad, intimidad, calma, silencio...
para huir del tiempo,
perderme en recovecos,
en historias de nadie,
porque nada es de nadie.
Morir de pena,
sentir el frío y el calor de los trágicos sentimientos.
Ser libres, llorar hasta el ahogo,
gritar, patalear, arañar, destrozar.
Ser tu mañana, bailarte el agua.
Morir a tu lado.
Muerte compasiva, déjalo aquí.
Si existiese Dios no permitiría esto.
Fue el cuerpo opaco más invisible de todos,
tan insignificante...
¿Y quién no lo es?
Vives para nada igual que mueres por nada.
Podría recordarte cada día,
pero estoy demasiado ocupada viviendo mi vida.
Suena demasiado egoísta,
casi tanto como todo lo que me rodea.
Tu pobreza y la mía se juntan en la nada.
Una nada que no es nada,
que ni siquiera ahora es nada.
Intenta electrificar el espacio.
Demasiado daño hacéis ya,
no os necesitamos,
habéis atado nuestra libertad de pies y manos.
Y nada es realmente lo que parece ser,
Indignados acudirán esta noche a tus pies,
déjalos pasar, que yo les mando,
a ver si te hago entrar en razón
y me terminas escuchando.
Morir de pena, de falta de amor,
mejor dicho: de exceso de amor.
Sudar tus sentimientos, robarte todo.
Quedarme con las ganas, también con tus ganas.
Y me parece que nunca es suficiente,
pero ninguna cantidad es suficiente.
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