lunes, 22 de octubre de 2012

Campos de batalla.

Hoy he aprendido que las fusiones son mejores que las absorciones. Y, dejando atrás la economía, debo decir que, en efecto, las fusiones son mejores que las absorciones. Una fusión implica una unión que, más allá del simple hecho de encontrarse, supone coexistir, mantener la esencia de ambas partes al mismo tiempo que se crea algo nuevo, algo único. En cambio, las absorciones suponen anulación, de una u otra parte, que queda colapsada por la mayor, la de más fuerza.

Atendiendo a estos razonamientos puedo afirmar y afirmo que me encantan las fusiones. No hay nada más placentero, más ansiado, más animalmente esperado que la fusión de dos cuerpos, su unión como instinto más primitivo, como base de todo concepto humano.

Y es culpa de las fusiones que tú ahora mismo estés en mi baño mientras yo me escapo rápida a escribir quién sabe qué teoría sobre el ansia carnal en una cama que, más que cama, parece un campo de batalla.

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