Siempre nos resulta muy fácil decir qué no queremos, en cambio enmudecemos cuando nos preguntan qué es entonces lo que sí queremos.
También es mucho más fácil pasarse el día quejándose de todo en vez de llegar y decir "Oh vaya, esto me encanta".
Y yo soy la primera que lo hace. Me he dado cuenta que en el 80% de mis conversaciones siempre suelto un "ay pues me duele esto" o "esque estoy tan agobiada por los examenes..." Y entonces pienso que debería decir lo mucho que me gusta tal cosa o lo mucho que disfruto haciendo esa otra.
Quizás sea porque resulta más fácil o porque vete tú a saber qué, pero esto es así, y vivimos en un mundo demasiado alucinante como para ver sólo las sombras.
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