Quizás habría que dejar de medir el amor en palabras, en actos. A veces ambos resultan demasiado contradictorios o confusos. Tal vez deberíamos acabar con esa extraña obsesión de etiquetarlo todo, de diferenciarlo para acabar diciendo si es mejor o peor que lo que le rodea.
El amor es simplemente un sentimiento, un estado, nada más complejo que el lenguage milenario o la indescifrable expresión corporal. Es lo que se siente al estar piel con piel, o a kilómetros de distancia, más allá de cualquier frontera, idioma, o forma de pensar.
Yo te miro y sé si es o no amor, así de simple. Y esque quizás el amor debería medirse no por lo que nos demuestra la otra persona, sino por lo rápido que nuestro corazón nos golpea cuando nos lo preguntamos.
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