Porque celebrar Halloween el 31 es demasiado mainstream, nosotros lo celebramos ayer. Bebida, risas, besos, bailes y muuuuuchos disfraces. La tarde ya empezaba bien, en casa de Marilyn con Alaska y Mario, una muñeca diabólica, un vaquero zombie y una vampiresa. Y yo, con unas ganas tremendas de que empezase la fiesta, con ganas de él.
En medio de los focos y de la música me olvidé de los malos amigos, se apartaron diferencias y la noche se hizo apeteciblemente larga. Y, dejando atrás detalles morvosos de cómo o quién disfruto de mi disfraz de chuche, he de decir que me encanto ser Katy Perra.
Y, después de dormir en casa de la prostiputa y despertarme a horas indignas y de que su hermano me ofreciese comer rico kebab, por fin llego a casa y me ducho. ¡Agua azul por todas partes!, como me encanta. Pero mi pelo no quiere no ser Katy Perry, asique aun quedan restos de anoche, si si restos, al igual que en mi cuello.
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