lunes, 11 de febrero de 2013

Enrédame el pelo.


Te giras y finges que no estoy a tu lado. La noche me sonríe y sería un pecado dejarte a medias. “Enrédame el pelo”, te digo. Y ni con esas te inmutas. Quizás sería mejor esconder las manos entre las sábanas. A tientas. Me escurro por tus piernas. Está bien que hoy no te quejes. Tienes los pies fríos y acaricias mi cadera. Ahora eres tú quien se escurre, y entonces yo cedo mi cuerpo a tu ciencia. Hormigueo por todo el cuerpo. Siempre consigues crear escalofríos desde mis muslos hasta el último punto de mi columna vertebral. Es mejor que el invierno me de una tregua y yo me deje llevar.
Suave. Lento… quiero que me hagas crujir.

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