Te giras y finges que no estoy a
tu lado. La noche me sonríe y sería un pecado dejarte a medias. “Enrédame el
pelo”, te digo. Y ni con esas te inmutas. Quizás sería mejor esconder las manos
entre las sábanas. A tientas. Me escurro por tus piernas. Está bien que hoy no
te quejes. Tienes los pies fríos y acaricias mi cadera. Ahora eres tú quien se
escurre, y entonces yo cedo mi cuerpo a tu ciencia. Hormigueo por todo el
cuerpo. Siempre consigues crear escalofríos desde mis muslos hasta el último
punto de mi columna vertebral. Es mejor que el invierno me de una tregua y yo me deje llevar.
Suave. Lento… quiero que me hagas
crujir.
No hay comentarios:
Publicar un comentario