domingo, 2 de diciembre de 2012

Vértebras.

Todo empieza y todo acaba en ti, como mis manos recorriendo cada marcado bulto de tu columna vertebral. Eres un paraíso infinito, la soledad en su estado más bello y puro. Eres lo que eres y tu esencia me parece altamente irresistible. Te veo así, tirado en la cama, apenas vestido, casi desnudo, y, de repente, se inundan de electricidad todos mis recuerdos.
Conozco cada milímetro de tu cuerpo, cada segundo de tus pensamientos, y lo hago porque hubo un tiempo en que tú me dejaste hacerlo. Besos, muchos besos en ciudades que parecían hechas a nuestra medida, cada rincón, cada recoveco era nuestro. Revolvimos cada cama de cada habitación de cada hotel en el que nuestros cuerpos se fundieron en una mezcla de risas y sonrisas, alcohol y muchas caricias.
Asique espero conservar la memoria por mucho tiempo, porque no hay ni fotos ni canciones que hablen ya de ti y de mí. No tengo nada, sólo tu recuerdo mientras imagino acariciarte la espalda por última vez.

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