Como la noche: suave, frágil, fría… así me definías. Entre las sábanas de vete tú a saber que cama, nos retorcíamos. Contorsionábamos nuestros cuerpos al ritmo de las caricias. Fría, decías que era triste y fría, y yo me molestaba y te susurraba “convierte mis suspiros en jadeos”, al son del aleteo de este llanto infinito, corre, ven conmigo, huyamos del tiempo y de todo lo que nos oprime del mundo… aunque nunca será demasiado lejos.
No más allá del precipicio al borde de tu cama nos recordamos y encontramos cada mañana, ahora sí, por favor, calla, que cuando sale el sol te detesto, cada gesto, es un insulto a mi ignorancia. Asique ahora te vas, cansado de mis cambios de humor y de estos líos de faldas. Te vas en busca de mujeres más cuerdas que sepan amar más de mentira y menos como yo. Adiós…
Habías decidido marcharte. Muy bien, no me resistiré.
No hay comentarios:
Publicar un comentario