miércoles, 10 de abril de 2013

Sólo quiero no echarte de más.

Hoy  te echo muchísimo de menos. Muchísimo. Demasiado… Hoy quiero dormir contigo y que cuando despierte sigas aquí. Quiero comerte, besarte, quiero tocarte.  Joder,  sólo quiero poder mirarte más que desde la pantalla del móvil. Porque justo eso es lo más duro: tener algo y no poder tenerlo. Y tú lo haces todo muy fácil… tanto que a veces eso duele más. Tanto que todo eso me vacía el pecho. Porque estoy pero no estoy. Estoy más contigo que conmigo.

 

Hoy te echo de menos. Y espero que nunca te eche de más.

domingo, 10 de marzo de 2013

Práxedes.



–Y restos de lágrimas en las mejillas y en las manos. – concluyó – Quizás es peor tenerla que que me falte, ¿no crees?
Nunca se me ha dado bien aconsejar, pero creo que por una vez comprendía la situación: cada noche ella le susurraba sus ganas hasta que se convertían en gritos que clamaban ahogadamente soledad;  y él, que había comprendido que no podía salvarla, se volvía cada día un poco más loco. Creo que fue la desesperación, había decidido que no podía más.
-Yo creo que…
-Soledad acompañada de mí… –me cortó – ¡qué dulzura!, decía… Pero nadie puede aguantar esos cambios de humor – me sacudió–  ¿¡entiendes!? – y rompió a llorar.


–Yo… le dije que no volvería, y entonces susurró lo mismo que cantan los pájaros muertos de mi ventana.

domingo, 3 de marzo de 2013

Demasiado cerca.



Quizás es que me gusta como hablas cuando te quedas dormido. O como sonrío si en un descuido mis pies desnudos tocan los tuyos. Tal vez sea que me muero por ver el sol acariciándote la cara por la mañana, y que te despiertes a mi lado y suenes dulce, y sepas dulce. Parece mentira que mis piernas reclamen tanto alcanzar tu cumbre y conquistarte. Y que mi cadera cruja al compás de tus manos y tu aliento recorra mi cuello y enredes mi pelo ya enmarañado. Ni el último aliento será suficiente para agotarme. La noche respira luna, niebla, mientras nosotros temblamos.

Pero siempre estarás demasiado cerca para tocarte.